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El Cava nace, entre otros motivos, de la radical transformación de los
viñedos del Penedés posterior a la invasión fil·loxérica. El cambio de
variedades negras, posibilitan la renovación de la industria elaboradora
del vino.
Una vez más, se pone en evidencia que la calidad y la personalidad diferenciada
de un vino se inicia en la viña.
La trilogía clásica de variedades para elaborar Cava la forman el macabeo,
el xarel·lo y la parellada. Sobre estas tres variedades principales se
fundamenta el prestígio, la calidad y el éxito del Cava, al cual se han
sumado otras variedades foráneas –igualmente de probada aptitud enológica-
como son el chardonnay, la malvasía riojana y las variedades negras vino
de garnacha, morastel, pinot noir y verdejo, estas dos últimas solo autorizadas
para elaborar Cavas rosados.
Cada una de estas variedades aporta al vino unas características especiales
que poténcian y complementan las propiedades de las otras, dando origen
a la práctica del “cupado”.
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